El masaje que cambia vidas

 

Cortesía de Naowarat Thanasrisutharat

Cada vez que siento mi cuello y espalda contraerse en una docena de nudos me viene a la mente el día en que estuve en Chiang Mai, Tailandia y que, gracias a un folleto que tomé del aeropuerto, llegué a Lila Thai Massage. No solo me dieron el mejor masaje de espalda de mi vida (y por 6 dólares), pero me inspiró mucho la historia de este lugar.

Es un spa creado por la ex directora de la prisión de mujeres de esa ciudad, Naowarat Thanasrisutharat, para dar empleo a mujeres que recién salieron de la cárcel. Mujeres que, en su mayoría, son de bajos recursos y cumplieron condenas por posesión de drogas. Hay un problema grave de entrada y tráfico de metaanfetaminas en esta zona del norte de Tailandia pero lo que hizo Naowarat fue simple y audaz: rehabilitar verdaderamente a las internas, ofreciendo cursos para adquirir certificados escolares y de oficios, como ser masajistas certificadas por el Depto. de Salud de Chiang Mai.

Fue un paso más allá: darles la oportunidad de trabajar seis meses antes de su salida, para comenzar a ahorrar y adquirir experiencia. Y desde el 2007, abrió Lila Thai Massage, un spa frecuentado por turistas y nacionales, que les da esa segunda oportunidad a las ex convictas para rehacer su vida. Es romper el ciclo, en lugar de que recaigan en las drogas, les dice: si recibes entrenamiento y te esfuerzas, habrá trabajo para ti. Funciona.

Desde que fui, me quedé picada con este proyecto. Por eso realicé un reportaje sobre él que por fin ve la luz este mes en la revista Marie Claire. Léanlo y pasen la voz. Me encantaría que algún día a alguien del sistema de justicia mexicano se le prendiera el foco y tratara de hacer algo similar aquí.

Léanlo aquí.

Lourdes, la reina del albur

Lourdes Ruiz y Alfonso Hernández, foto de @kabosqui

Este mes (octubre) se publicó en la revista Chilango el perfil que hice de Lourdes Ruiz, la campeona del albur. El día que conocí a Lourdes Ruiz llegué tarde a una conferencia en la que ella y Alfonso Hernández, cronista del barrio de Tepito, hablaban de la historia de Tepito y de su lucha cultural.  Lourdes explicaba a un reportero que nació y ha vivido en Tepito, que nunca fue rica pero para sus 15 años sus padres le regalaron un viaje a Europa. Misa en el Vaticano y baile en Viena. Un viaje que no disfrutó nada porque una doctora había dicho que le daba hasta los 15 años para vivir, a consecuencia de un cáncer que le detectaron a los 8 años.

La primera vez que la escuché hablar, Lourdes vestía un mandil y contaba esos eventos que marcaron su vida con una voz ronca que parece jamás quebrarse. Contó cómo a los 8 años descubrió el albur cuando escuchó las carcajadas de unos vendedores de nieves en su vecindad. Y cómo se fijó el propósito de aprender lo que nadie le quería enseñar, a hablar en ese lenguaje propio del mundo que la rodeaba. Un lenguaje que requiere astucia, agilidad y dominar el vocabulario para darle otro sentido a las palabras.

En 1997 Lourdes participó en un torneo de albures organizado por el Museo de la Ciudad de México y dejó a todos callados. Se coronó como la campeona del albur. Un título que nadie le ha quitado en batallas oficiales así como en riñas cotidianas en el puesto que atiende en el tianguis de Tepito. “¿Qué talla, joven, qué talla?” grita a los pasantes.

Ella mantiene una conversación de cualquier tema sin titubeos. De pronto, deja entrever una sonrisa o de plano se ríe porque te ha dicho un albur y no te diste cuenta o quizás sí pero no lo entendiste a la primera. A veces logro regresarle algunas y su risa inunda el lugar. Ella insiste que hace falta la risa. “Hay que reírse aunque sea de nosotros mismos”.

Lourdes da una cátedra sobre cómo hace falta la picardía. Sobre el albur como un ajedrez mental que deberían enseñar semanalmente en todas las escuelas para que los niños mejoraran en matemáticas, física, ciencias… Y para que leyeran con más gusto. Cada mes da un taller de albures gratuito en la Galería José Ma. Velasco, al que acuden casi siempre jóvenes, más mujeres que hombres. “Los hombres vienen por morbo”, dice Lourdes “A ver qué es lo que la mujer va a aprender”. Pero no hay bronca. “Aquí los pantalones los llevan los hombres… ¡pero solo a la tintorería!”, agrega.

Es obvio que ella es la que toma las decisiones en su casa. No extraña que sea una de las “7 cabronas e invisibles de Tepito”, obra de la artista visual catalana Mireia Sallarès, que reúne las historias de vida de siete mujeres del barrio, en formato audiovisual y escrito. “Una cabrona es la que se cae y se levanta”, define Lourdes quien ha sobrevivido al cáncer, y todo lo que eso le acarreó, y se ha dedicado a hacer lo que más le gusta: alburear, vender y con eso, pagarse su casa y los viajes que la han llevado por medio mundo: Israel, Egipto, Italia… Al menos un país de cada continente.

Pero en Tepito está su corazón. Por eso le encabrona que hablen mal de su barrio. Lourdes te mira sin pestañear y dice: “Tepito es un mito nada más. Cuando pasa algo cerca de aquí, todos le avientan la bronca. Todos traen a Tepito en la boca. Cuando me dicen: Tú eres de Tepito, les digo: Yo no soy de Tepito. Tepito es mío. Todo lo que soy, él me lo ha dado. Aquí tengo todo. Mis mejores y mis peores amantes. Mis momentos más tristes y las lágrimas más felices. Y cuando he caído, por muy difícil que sea levantarme, lo cabrona me levanta y me sostiene”.

> Aquí lo puedes leer.

Sin derecho a decidir

Ha surgido en las redes sociales una discusión en torno a la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre avalar la reforma constitucional en Baja California que protege a la vida desde la concepción, por lo cual el aborto se considera un delito casi tan grave como el homicidio. Un delito por el cual al menos 23 mujeres están cumpliendo condenas en las prisiones de ese estado. Pero lo mismo sucede en San Luis Potosí, Guanajuato, Puebla, Veracruz, Hidalgo y al menos otros 11 estados del país, donde se pasaron leyes antiaborto desde la despenalización del aborto en la Ciudad de México, en abril de 2007, donde más de 58 mil mujeres han interrumpido el embarazo de manera segura. Esa fue una decisión ratificada por la misma Suprema Corte, que en mayo de 2009 dejó por escrito: “Este tribunal considera que la medida utilizada por el legislador resulta de este modo idónea para salvaguardar los derechos de las mujeres, pues la no penalización de la interrupción del embarazo tiene como contraparte la libertad de las mujeres para que decidan respecto de su cuerpo, de su salud física y mental e, incluso, respecto de su vida, pues no podemos desconocer que aun en la actualidad, como lo refiere claramente el legislador del DF en su exposición de motivos, existe mortandad materna”.

¿Qué pasó entre mayo de 2009 y 2011 para que los ministros se acobardaran (no todos, fueron 7 votos, contra 4, de los 8 que se necesitaban para echar atrás la reforma)? Qué tristeza ver un país donde un personaje nefasto como Jorge Serrano Limón, dirigente de Provida, se pueda ir a celebrar el resultado de la Corte mientras que miles de mujeres seguirán obligadas a “decidir” entre: tener a un hijo no deseado, muchas veces solas, sin dinero y sin apoyo del hombre que las embarazó (algunas veces como consecuencia de una violación) o buscar un aborto clandestino que las puede llevar a la cárcel o a la muerte.

"¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!"

 

Todos tenemos dos caras

 

O incluso tres, según el trabajo fotográfico de Wolfgang H. Scholz (también pintor y cineasta), quien ha explorado durante 20 años la posibilidad del retrato y las contradicciones que puede revelar. Siguiendo el concepto psicológico que dicta que un hemisferio del cerebro define nuestro lado racional, y el otro, el emocional; Scholz crea dos nuevos retratos a partir del original, poniendo en evidencia no solo lo reconocible de una personalidad, sino aquello que suele quedar oculto. Así nos obliga a observar cuidadosamente y a reinterpretar un rostro humano. Vemos en un mismo personaje una rudeza y vulnerabilidad, un lado masculino y otro femenino.

En esta muestra trabajó con personajes del barrio de Tepito, lo que en su opinión resultó enuna nueva imagen de este lugar al que describe como un “laberinto eficiente”.

La exposición está en la Galería José María Velasco (GJMV), en Peralvillo 55, Col. Morelos, Del. Cuauhtémoc. La entrada es gratuita. Hasta el 21 de agosto.

#SomosAdictos

Redes sociales

¿Se puede vivir en esta ciudad sin estar conectado a alguna red social? Claro. Pero qué chiste. Si en ellas nos enteramos del último chisme político o de la farándula pero también de lo que está pasando con nuestro vecino y al otro lado del mundo. Hacemos bromas, videos y también convocamos a movimientos que pueden cambiar y afectar nuestra vida cotidiana. La marcha del día, el alcoholímetro, un concierto, un nuevo restaurante… pero también nos ayudan a encontrar un nuevo trabajo o encontrar nuestra alma gemela… Algunas historias de cómo han cambiado las redes sociales la vida en el DF es el tema de mi reportaje para la Revista Chilango, en su edición de junio.

Las obras en movimiento de Annette Messager

No todas las obras de Annette Messager en la muestra exhibida actualmente en el Antiguo Colegio de San Ildefonso me impresionaron. No todas sus obras me parecieron excepcionales pero, hay algunas, que no están estáticas sino en constante movimiento, que me causaron una atracción tan fuerte es lo único que importa. Me pasó con Casino, con el movimiento hipnotizante de la tela roja que flota y quiere alcanzar el techo, simulando el interior de una ballena. Aunque después supe que se refiere al cuento de Pinocho, lo que me provocó la obra al instante, sin saber nada de ella y sin explicaciones, fue una sensación de nostalgia, de miedo y la vez de protección (como en el vientre materno), curiosidad por ver lo que hay debajo de la tela, luces que aparecen y desaparecen, ver bailar a las máscaras que suben y bajan.

Sin duda, Articulados – Desarticulados también tiene una cualidad seductora, ¿quién no quiere ser espectador de ese otro baile a la vez delicado y monstruoso de muñecos de peluche moribundos o incluso ‘muertos’? Nos quedamos mirando con vergüenza, esos títeres hechos tiras se muestran como en realidad son, como lo que quedó después de una ola de violencia; es un escalofriante reflejo de nuestro impulso autodestructivo, el mundo que es a la vez maravilloso y horrible.

Por último, Las manchas negras para mí fue más que una obra, fue una experiencia. Desde que me asomé por esa ventana en la pared, me cautivó el movimiento de esas manchas negras en un cuarto blanco, parecían criaturas, arañas o hadas bailando, constituidas en realidad por pequeñas bolas de tela de peluche negro suspendidas por hilos que se mueven gracias al mismo ventilador que da vida a otra de sus obras emblemáticas, El choque de dos mundos. El hecho de no poder entrar, solo asomarse, provoca aún más atracción, casi un capricho por entrar y volverse una mancha suspendida en el vacío.

 

Foto: MuseoAmparo.com

 

On ne peut pas tout voir

Mais ça fait parti du jeu

On est des voyeurs

D’un univers beau et terrifiante

Contenu dans quatre murs

La danse des taches

Ou des fantômes

Des araignées

Des poiles arrachés

Ou de lucioles a l’envers

On a envie de rentrer

De devenir une tache noire

Qui existe que pour danser

Selon l’envie du vent.

 

Todo al revés

Un maestro en la primaria, quizá en 3er o 4o grado, dedicó lo que me pareció toda la mañana a enseñarnos que se debe caminar siempre por la derecha. Nos lo hizo repetir y hacer ejercicios o demostraciones, al frente del salón de clase. De esa forma, si todos aprendíamos y memorizábamos esa regla que no está escrita en ningún libro, se evitarían choques y confusiones. Cuando hay personas que caminan en sentido contrario sobre la misma banqueta, cada quien se mantiene en su ‘carril’. Se me quedó grabada en la memoria esa imagen del profesor ‘caminando’ frente al pizarrón. Siempre me pregunté qué pasaría con el resto de la gente que nunca nadie le informó sobre esta regla… ¿intuyen que es así o ni siquiera lo piensan? Me ha pasado en el DF que, aunque la mayoría así lo hace, no todos siguen esta cortesía, y vienen a todo vapor hacia mí esperando que sea yo la que se mueva para que ellos pasen, en lugar de que ocupen su ‘carril’ derecho y dejen el mío libre.

En Japón es el mundo al revés. Se debe caminar por la izquierda siempre y todos parecen estar muy conscientes de que esa es la convención a seguir. En las estaciones de metro y tren está marcado con flechas y en inglés para que los extranjeros no se vayan a equivocar. Es una sensación extraña caminar ‘del otro lado’, son años de hábitos inconscientes que hay que desafiar, sobre todo después de semejante lección escolar. Ni pensar en conducir con el volante al lado derecho, en el carril izquierdo… y menos de la reprogramación cerebral que necesitaría para aprender a leer kanjis de arriba hacia abajo y empezando por las contraportadas.

 

Primeras impresiones

De todo el viaje, la llegada a Vietnam ha sido lo más pesado, por decirlo de una forma. En Japón estabámos frescos y
ávidos de caminar, de comer, de respirar todo a nuestro alrededor.
Los jardines y templos de Kioto tienen una energía serena, la gente
es tan respetuosa y amable que no los quieres incomodar con tu
presencia. A donde mires hay un detalle o una estructura diseñada
para la contemplación, sentí por primera vez un flujo de energía en
equilibrio, aquello que seguramente se obtiene a través de la
meditación Zen.

Los trenes son precisos, en todo hay una lógica y una cultura de colectividad, de tomar en cuenta al otro. Como los
sonidos en los semáforos para los ciegos y las señales en el suelo
(un camino con otra textura para indicar las banquetas, escaleras,
etc.). Con mucha frecuencia, entre los edificios y casas, subsisten
templos sintoístas. La espiritualidad está muy presente a pesar de
ser un pueblo sumamente pragmático.

En Tailandia fue llegar a un mundo opuesto. Un caos, hermoso, intenso, ruidoso y lleno de aromas y colores. Sin embargo, cuando estás a punto de agobiarte por el calor, el ruido y el tráfico, encuentras un templo… El incienso a
la entrada ya te prepara para olvidar por unos momentos donde
estás. Y ante la imagen de un resplandeciente Buda, hay que
hincarse y saber detener el tiempo. Observar las ofrendas, las
flores y frutas, y todos los grabados en las paredes y puertas que
cuentan historias ancestrales, místicas.

Afuera continúa la vida a un ritmo acelerado… Los tuk-tuk se abren paso entre camiones,
autos y peatones. Los mercados, pequeños o inmensos, atraen a
millones de personas, ofreciendo todo lo que se puede imaginar,
legal o ilegal. Para restaurarse nada como las delicias culinarias
tailandesas, de lo más simple como un sticky rice con mango, hasta
platillos mucho muy complejos con fideos, mariscos, verdura,
chiles, lemongrass y leche de coco. Y para aliviar a nuestros
pobres cuerpos que hemos sobre trabajado, el masaje Thai lo acomoda
todo en su lugar y te deja completamente relajado.

Por eso cuando llegamos a Vietnam, y que desde el aeropuerto lo primero que te
dicen con tono militar es: “¿Primera vez que viene? ¿Tiene visa?
Fórmese aquí!” ya te sientes intimidado. Hay que batallar para que
el taxista use taxímetro. El cuerpo también batalla para ubicarse
en otro lugar, otro clima. Un calor sofocante y contaminado por las
miles de motos y los claxonazos constantes nos espera en la calle.
A las pocas horas mi cabeza está explotando, una migraña (supongo
que eso fue) me oprime el cráneo y me dan nauseas. Seguramente por
la deshidratación, el cansancio… Los choques térmicos y
culturales. “Ya descansaremos en la playa, en Nha Trang”. Solo que
para llegar hay que tomar el tren. Y cuando quisimos comprar
boletos para el vagón con camas… Por supuesto ya no había. Solo
quedaba ir de día, en el vagón de clase infrahumana, “hard seats,
no air conditioner”. Nueve horas. Todo sea por viajar.

Cuando vi que los “hard seats” eran bancas de madera para dos y tres personas
de cada lado, que el espacio para el equipaje era una plancha de
metal a los costados prácticamente llena, que ya la mayoría de los
pasajeros se habían atrincherado en sus lugares, me quería dar la
vuelta y regresar. Ventiladores pegados al techo apenas servían
para mezclar nuestros vapores humanos. @nebicio quedó de un lado
del pasillo y yo del otro. En el espacio para poner mis pies,
apenas entró mi mochila.

A la 1:10 PM partimos de Ho Chi Minh City (Saigon). A mi lado, una voz suave me preguntó en inglés de dónde somos. ¡Mexico! “I live in the US, in California”, dijo el señor a
mi lado. También era la primera vez que viajaba en el vagón más
jodido del tren. Igual que nosotros, el día anterior quiso comprar
los boletos de ‘cama suave’ y no pudo, debido a que el 30 de abril
es fiesta nacional. En 1975 en este día, Saigon aceptó su derrota
ante las fuerzas de Vietnam del Norte y marcó el fin de la guerra.
Saigón se llamó desde entonces Ho Chi Minh City, en honor al
General, líder del Viet Minh. El año siguiente el norte y el sur
del país se unieron bajo un gobierno comunista, el cual abrió el
mercado a la iniciativa privada 10 años después. Por eso, ahora
persiste una extraña mezcla de la arquitectura austera y recta del
régimen comunista, con boutiques de Gucci y Burberry, e incontables
puestos de comida callejera ocupando las banquetas, junto con las
miles de motocicletas que transportan a la mayor parte de los
habitantes, y que nos han hecho sudar de más cada vez que tenemos
que cruzar una calle. No queda de otra más que aventarse y mirar de
cada lado, esperando que no te atropellen. Los vietnamitas nos
miran con enojo, o si no, con signos de dólares en los ojos, como
si fuéramos carteras andantes. “Hello, where do yo go? I take you”.
Decir ‘No’ una sola vez nunca basta. Y sin embargo, en el tren,
ante la intimidad forzada que te da compartir un espacio tan
reducido durante horas, todos bajamos la guardia. Ellos se muestran
sonrientes y curiosos, intentan conversar con nosotros. Quizá de
pronto, demasiada confianza, al colocar un pequeño tatami o tapete
en el espacio para los pies, para acostarse. Con permiso… Aquí
duermo yo, a ver los demás cómo le hacen. Lo peor, para mí, del
viaje, fue tener que ir al baño… Un cubículo para todos, a la
turca… Y eso que yo ya me siento experta en este tipo de wc, pero
a ello hay que agregar el movimento del tren, el calor asfixiante,
la sensación de mugre pegada por todo el cuerpo. Un fóbico de
gérmenes aquí se muere. Dicho eso, fue fascinante ver un poco del
paisaje rural de Vietnam, algunos campos de arroz, los cactus donde
crecen las pitayas que exportan al resto del mundo. Y sobre todo
poder hablar con un vietnamita, aunque residente de otro país, que
me ayudó a entender mejor esta cultura. “Son duros, se pelean, no
son muy amables. Pero han sobrevivido a tantas cosas… La invasión
china, la invasión francesa, la guerra entre el norte y el sur, las
atrocidades cometidas por el ejército norteamericano. Son
guerreros, son sobrevivientes”. Vietnam ha sido difícil de acceder,
de comprender… Pero eso lo ha hecho de los países más
interesantes que he visitado, cuesta trabajo adaptarse y hacerse
camino pero, por ello, es de las experiencias más ricas, de las que
más tiempo perduran en la memoria.

 

100 millones de firmas por la liberación de Ai Weiwei

El muro de Tate

Esta mañana escuché su nombre por primera vez en Euronews. El artista chino Ai Weiwei (con ese nombre en México quizá no hubiera sobrevivido a la secundaria pero en China tiene otro tipo de problemas mucho más serios) es uno de los artistas contemporáneos más notables, audaces e incisivos en la actualidad. Si hubiera que definir su estilo, un artículo de artzinechina.com lo describe así: “Cuestiona la autoridad, desafía objetos clásicos o tradicionales, ataca ferozmente a figuras intocables y fusiona artefactos antiguos con símbolos de la era moderna y consumista”.

Bajo esa estética ha realizado fotografías de monumentos a los que les “muestra el dedo”, una exposición titulada Fuck Off como alternativa a la Bienal de Shanghái, fotografías de él en donde deja caer y rompe un jarrón de la Dinastía Han o vasijas a las que les dibujó el logo de Coca-Cola. También participó en el diseño del famoso “nido”, el estadio olímpico para los Juegos Olímpicos de 2008 pero luego se negó a asistir a la inauguración por considerarlo “la propaganda de siempre”.

En octubre del año pasado, llenó una sala del Tate Modern de Londres con 100 millones de “semillas de girasol” elaboradas en porcelana y a mano por artesanos que en el pasado fabricaban porcelanas para la corte imperial y que hoy  están en la ruina. Hoy el Tate se manifiesta con la leyenda “Release Ai Weiwei” en uno de sus muros, por la liberación de Ai, quien desde el pasado 3 de abril fue detenido por la policía cuando se disponía a volar a Hong Kong, oficialmente por “delitos económicos” según han dicho autoridades chinas a la prensa extranjera, sin detallar más.

Su detención coincide con la de otra decena de activistas y defensores de la democratización en China, tras un movimiento en algunos países árabes y llamado la ‘revolución del jazmín’ sobre el cual Ai mencionó algo recientemente en su cuenta de Twitter.

Su obra, tan crítica a su gobierno, le ha costado antes el cierre de su blog, la demolición de su estudio, varios arrestos de la policía, una golpiza que le provocó un derrame cerebral por el cual fue operado de emergencia en Alemania. Ahora lo han castigado de nuevo. “En China nos regimos por la ley”, dijo el portavoz de Asuntos Exteriores, Hong Lei a la prensa extranjera. Eso nos queda claro pero ¿qué tipo de ley es una en donde no hay cabida para la crítica, el arte y el derecho humano a la libre expresión?

Que se conozca el trabajo de Weiwei es por lo pronto una forma de protestar por esta triste decisión del gobierno chino. Sería fabuloso que se reunieran 100 millones de firmas a favor de su liberación.

Aquí algunas páginas con información:

Una selección de sus obras, vía The Telegraph.

Petición en línea para su liberación.

Grupo de Facebook: Free Ai Weiwei.

Artículo del New York Times, El País.

Video-conferencia de TED.

Paseo nocturno en bici


Todos compactos, como un dragón chino impulsado por cientos de pedales, salimos del Monumento a la Revolución. En la oscuridad brillaban las luces rojas y se escuchaba el rumor de las cadenas como si fueran grillos mecánicos. Adelante nos abrían paso los guías acompañando a los niños y los novatos; a los lados, los ‘bloqueadores’ intervenían la circulación de los autos para que todos pudiéramos cruzar, y atrás las ‘barredoras’ atentas a resolver cualquier problema.
Juntos rodamos, en un paseo por la ciudad para recibir la primavera. Durante el recorrido hubo música, conversaciones y algunos coros: “Eaa, eaa, pedalea… Bájate del auto, súbete a la bici… quemo carbohidratos, no hidrocarburos…”. La ciudad parecía nuestra por unas horas y la fuimos descubriendo poco a poco. El encanto de La Romita, las elegantes fachadas de la calle Pomona y la innegable belleza porfiriana de Álvaro Obregón.
Con un altavoz se explicaba a los vecinos que se asomaban desde sus ventanas y a los peatones curiosos: “Es el Paseo de Todos, el último jueves de cada mes, saca tu bici”. Una señora alemana a mi lado estaba sorprendida y fascinada de poder salir sin miedo en bici en el D.F.. Éramos muchos, a veces era difícil mantener el equilibrio y no chocar con los de al lado al ir a baja velocidad. Las calles de pronto se volvían muy estrechas para 380 ciclistas pero seguimos rodando hasta la glorieta de la Cibeles, donde hubo un descanso y luego, de regreso al punto de partida.
Fueron en total cinco horas desde que salimos de la casa en Ecobici hasta la colonia San Rafael, a recoger las bicis que rentamos y de ahí al punto de partida, luego todo el recorrido por la Roma y de regreso. No lo negaré, hoy mi derrière, no acostumbrado al asiento de bici de montaña, lo resiente… pero en definitiva es una experiencia muy divertida que recomiendo mucho.
***
El Paseo de Todos es un proyecto para promover el ciclismo urbano entre los habitantes de la ciudad, en un esfuerzo que reúne a varias organizaciones ciclistas y que ha logrado convocar a cientos de personas, de todas las edades, a través de redes sociales como Twitter y Facebook.
Es un paseo lúdico mensual (el último jueves de cada mes a las 20 hrs) con recorridos y temáticas distintas, para animar a las personas a cambiar sus hábitos de movilidad, a perderle el miedo a moverse en bicicleta y descubrir los beneficios (de salud, económicos y ecológicos) de esta alternativa.

>Para quien no tiene bici, BicitaMéxico las renta para este paseo. Contáctalos por Facebook, por mail o al teléfono 52088517.
Paseo de Todos: Facebook y Twitter.