Qué difícil es encontrar una buena historia. La mayoría del tiempo de un periodista se va en estar atento, escuchando, viendo, buscando, todos los días. Y eso no garantiza que descubramos el próximo gran bombazo. Qué maravilla cuando nos llega una pista, y eso nos lleva a jalar de un hilo y encontrar toda una montaña detrás. Y que podamos entrar, entrevistar, indagar, y publicar esa realidad, para que otros la conozcan.
Hace unos meses me encontró una historia. Involucraba a varios artistas plásticos y algo que tenían en común: dicen haber sido estafados por la misma persona. Un supuesto art dealer que les inspiró la confianza de ‘mover’ su obra. Sólo que una vez vendida, no aparecía ni él ni el pago. Una estafa, al parecer, demasiado fácil de llevar a cabo, y de repetir una y otra vez. Quizá hasta que dejen de creerle. Quizá hasta que se investiguen los casos y se aplique la ley.
Por lo pronto, la historia ya salió. Este mes de septiembre, en la revista Chilango, mi Crónica de una estafa cuenta las distintas versiones. También la del presunto implicado, quien aceptó posar para la cámara, siempre y cuando “no le den las fotos a la policía”.
Aquí pueden leerlo: Chilango.com
