Un maestro en la primaria, quizá en 3er o 4o grado, dedicó lo que me pareció toda la mañana a enseñarnos que se debe caminar siempre por la derecha. Nos lo hizo repetir y hacer ejercicios o demostraciones, al frente del salón de clase. De esa forma, si todos aprendíamos y memorizábamos esa regla que no está escrita en ningún libro, se evitarían choques y confusiones. Cuando hay personas que caminan en sentido contrario sobre la misma banqueta, cada quien se mantiene en su ‘carril’. Se me quedó grabada en la memoria esa imagen del profesor ‘caminando’ frente al pizarrón. Siempre me pregunté qué pasaría con el resto de la gente que nunca nadie le informó sobre esta regla… ¿intuyen que es así o ni siquiera lo piensan? Me ha pasado en el DF que, aunque la mayoría así lo hace, no todos siguen esta cortesía, y vienen a todo vapor hacia mí esperando que sea yo la que se mueva para que ellos pasen, en lugar de que ocupen su ‘carril’ derecho y dejen el mío libre.
En Japón es el mundo al revés. Se debe caminar por la izquierda siempre y todos parecen estar muy conscientes de que esa es la convención a seguir. En las estaciones de metro y tren está marcado con flechas y en inglés para que los extranjeros no se vayan a equivocar. Es una sensación extraña caminar ‘del otro lado’, son años de hábitos inconscientes que hay que desafiar, sobre todo después de semejante lección escolar. Ni pensar en conducir con el volante al lado derecho, en el carril izquierdo… y menos de la reprogramación cerebral que necesitaría para aprender a leer kanjis de arriba hacia abajo y empezando por las contraportadas.

