Cortesía de Naowarat Thanasrisutharat

Cada vez que siento mi cuello y espalda contraerse en una docena de nudos me viene a la mente el día en que estuve en Chiang Mai, Tailandia y que, gracias a un folleto que tomé del aeropuerto, llegué a Lila Thai Massage. No solo me dieron el mejor masaje de espalda de mi vida (y por 6 dólares), pero me inspiró mucho la historia de este lugar.

Es un spa creado por la ex directora de la prisión de mujeres de esa ciudad, Naowarat Thanasrisutharat, para dar empleo a mujeres que recién salieron de la cárcel. Mujeres que, en su mayoría, son de bajos recursos y cumplieron condenas por posesión de drogas. Hay un problema grave de entrada y tráfico de metaanfetaminas en esta zona del norte de Tailandia pero lo que hizo Naowarat fue simple y audaz: rehabilitar verdaderamente a las internas, ofreciendo cursos para adquirir certificados escolares y de oficios, como ser masajistas certificadas por el Depto. de Salud de Chiang Mai.

Fue un paso más allá: darles la oportunidad de trabajar seis meses antes de su salida, para comenzar a ahorrar y adquirir experiencia. Y desde el 2007, abrió Lila Thai Massage, un spa frecuentado por turistas y nacionales, que les da esa segunda oportunidad a las ex convictas para rehacer su vida. Es romper el ciclo, en lugar de que recaigan en las drogas, les dice: si recibes entrenamiento y te esfuerzas, habrá trabajo para ti. Funciona.

Desde que fui, me quedé picada con este proyecto. Por eso realicé un reportaje sobre él que por fin ve la luz este mes en la revista Marie Claire. Léanlo y pasen la voz. Me encantaría que algún día a alguien del sistema de justicia mexicano se le prendiera el foco y tratara de hacer algo similar aquí.

Léanlo aquí.