Desde que mi papá compró su primera computadora —creo que era una “Amiga Commodore”— me puse a teclear ideas, historias. En sexto año de primaria casi me suspenden por poner en circulación un periodiquillo que yo misma imprimía y fotocopiaba. ERES fue la primera revista que compré con mis domingos. Desde el primer día de universidad sabía que lo mío era el periodismo y ninguna materia me hizo cambiar de idea. Sigo necia con escribir y vivir de ello. Hasta ahora, me ha funcionado.