Posts Tagged ‘deporte’

11 April
2010
escrito por Cynthia Arvide

Siempre fui de las niñas que no eran buenas para los deportes. Veía la pelota venir hacia mí y yo corría en dirección contraria. De futbol, nunca se hablaba en mi casa. A mi padre le parecía un juego tonto y yo crecí pensando que así era, el juego más idiota e inútil existente. Hasta que me fui a vivir con un apasionado de futbol, europeo además. Serbio-francés, para ser precisa. Afortunadamente no es de los tipos que sólo prenden la tele el domingo para ver futbol, pero no perdona no ver las copas europeas y… el mundial, ¡bueeenoooo! Es como… (creo que no hay ningún equivalente para mí) entonces el Mundial pasado, Alemania 2006, para mí fue entrar en la dimensión desconocida. Comenzó unos meses antes, con su fervor por el álbum conmemorativo. Compraba por bonches a veces y la casa se llenaba de envolturas de estampitas. Llenó una cajita con todas las repetidas para intercambiarlas. Lo más curioso es que a donde quiera que íbamos, en los cafés o en el parque, si veía a alguien con una estampa, rápidamente se acercaba para se darle su tarjeta y así organizar el posterior trueque de calcomanías. Me sorprendió que nadie lo tomaba como a un loco…al contrario, era un lenguaje compartido, y ajeno para mí. De las dichosas quinielas menos había oído hablar. No tardó en entrarle a una… todo era muy confuso para mí, pero las apuestas y el azar tampoco son mi fuerte. Cuando llegó el inicio del mundial, me advirtió: “Durante un mes, la tele es mía”. Lo quería envenenar.
Pero el primer partido de Serbia llegó y me invitó a verlo en una pantalla que colocaron ex profeso en el Parque México. Me intrigaba ver si había más serbios viviendo en México. En realidad, no logré ver a ninguno entre la multitud argentina (esa sí que es una enorme comunidad en la ciudad) pero lo que me mantuvo entretenida durante el partido fue servir de apoyo moral a los pocos que íbamos en contra de la corriente. Con cuatro goles en contra y cero a favor, era una buena causa apoyar a los serbios. El partido en la pantalla poco importó; el verdadero drama estaba en el parque.  Los argentinos gritaban y festejaban su victoria; a nosotros se nos partía un poco el corazón. Unos días después, en ánimo de solidaridad, puse el despertador para el partido de México contra los mismos argentinos arrasadores. Mi novio no lograba levantarse de la cama, pero ahí estaba yo, sola y sin un ápice de conocimiento futbolístico, viendo a 22 tipos correr detrás de una pelota. ¡Yo, viendo un partido en la tele! ¡Yo, esperanzada de que el equipo nacional no se dejara ganar…. increíble!
La siguiente vez nos tocó una victoria por fin: Francia derrotó a Brasil y pasó a la final.  La fiesta en el parque era in regocijo:  brasileños tocando percusiones y bailando, los franceses saltando abrazados…  Y bueno… ya para la final, con todo el drama de Zidane y los franceses que perdieron la copa en penalties contra los italianos, no me reconocía a mí misma.
Aquel deporte que me parecía estupidizante y absurdo logró emocionarme, aunque fuera unos instantes, y es que, cualquiera puede entrar al juego, no hace falta más que un poco de sentido común para ver un partido (a diferencia de otros deportes donde se requiere un conocimiento amplio de las reglas y mecánicas), y lo más irresistible fue vivir una unión temporal con todo tipo de personas, de cualquier edad, sexo o nacionalidad… en un momento eufórico como pocas veces he visto.
No me he vuelto amante del futbol ni mucho menos, pero ya no me agobia que este próximo verano se torne en un maratón de balones.