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Qué difícil es encontrar una buena historia. La mayoría del tiempo de un periodista se va en estar atento, escuchando, viendo, buscando, todos los días. Y eso no garantiza que descubramos el próximo gran bombazo. Qué maravilla cuando nos llega una pista, y eso nos lleva a jalar de un hilo y encontrar toda una montaña detrás. Y que podamos entrar, entrevistar, indagar, y publicar esa realidad, para que otros la conozcan.
Hace unos meses me encontró una historia. Involucraba a varios artistas plásticos y algo que tenían en común: dicen haber sido estafados por la misma persona. Un supuesto art dealer que les inspiró la confianza de ‘mover’ su obra. Sólo que una vez vendida, no aparecía ni él ni el pago. Una estafa, al parecer, demasiado fácil de llevar a cabo, y de repetir una y otra vez. Quizá hasta que dejen de creerle. Quizá hasta que se investiguen los casos y se aplique la ley.
Por lo pronto, la historia ya salió. Este mes de septiembre, en la revista Chilango, mi Crónica de una estafa cuenta las distintas versiones. También la del presunto implicado, quien aceptó posar para la cámara, siempre y cuando “no le den las fotos a la policía”.
Próximamente, subiré el link al reportaje o el PDF. Mientras, vayan por la revista y léanlo. Díganme qué opinan y corran la voz, no vaya a ser que algún día los quieran timar.
Entran en pants y sudaderas, con el cabello recogido y caras lavadas, y arrastran maletas y bolsas como de gimnasio hasta los baños, al fondo del local. Una tras otra, las actrices de la noche comienzan el ajetreo habitual de esta calle del centro de la Ciudad de México. Por debajo de la puerta asoman pies que se van acomodando en zapatos de tacón; y por arriba, manos que forcejean con el vestuario cargado de olanes y listones. Los baños para mujeres es un cuarto de 2 x 2 metros, con un dos lavabos y dos minúsculos compartimientos para los WC. Ahí, entre maletas, medias de red, pelucas, estuches de maquillaje y varios pares de zapatos, las cuatro se preparan para otra noche de trabajo.
“Y ahora, con ustedes, Maaadonna”, anuncia el DJ y presentador, enmarcado por una concha gigante que brilla en distintos colores. Corset blanco y shorts de licra, zapatos rojos de tacón, guantes y un cabello rubio de aspecto artificial brincotean por el escenario bajo los efectos de una luz parpadeante. Esta chica material tiene un público que la adora aunque sólo finja que canta, aunque sólo venda la ilusión de ser otra persona, aunque sepamos que no es una chica. Sus bailarines de apoyo son dos hombres de más de 30 años, con una ligera barriga que nos recuerda que aquí lo que importa no es que sean talentosos, sino que sepan crear una fantasía.
Los ídolos gays más cliché nos entretienen uno por uno: Cindy Lauper, Madonna, Cher y Tina Turner, en un primer espectáculo. Más tarde, será el turno de las latinas: Gloria Estefan, Milly Quezada y Doña Celia Cruz. Con el último aplauso salen por un lado del escenario, y salen apresuradamente a la calle aún vestidas y peinadas. Sin descanso, probablemente repiten el mismo número en otro bar a unos cuantos pasos de La Perla.
La misma Tina Turner que nos conquistó con su peluca exagerada y vestido mini de flequillos ahora circula entre las mesas tomando fotografías para la página de internet, y dentro de un par de horas cambiará de peluca y de zapatos para enloquecer al público con “La Vida es un Carnaval”. Cuando baila con su vestido adornado con un borde de peluche blanco, las mesas llenas de vasos vacíos y jarras de cerveza se agitan por unos minutos.
Termina la canción y en segundos la gente vuelve a hacer suya la pista de baile. Las camisas ya están húmedas, alguna muchacha prefirió quitarse los zapatos… como pasaría en muchas de las bodas, se han deshecho los peinados, se ha diluido el maquillaje y las parejitas han perdido la pena inicial. Con música que se consideraba “los éxitos del momento” hace 10 o 15 años, la multitud se entusiasma. Sin que nadie lo note, de los baños salen en fila unas sombra que llevan sus maletas llenas de pestañas falsas y de ilusiones en las que sólo ellas quieren seguir creyendo.
Con el pretexto de mostrarle mi ciudad al mejor amigo de mi chico, que viene de Francia por primera vez a México, he inventado (algunas veces intencionalmente y otras por casualidad) varios recorridos muy agradables por la capital. Éstos se pueden hacer en el orden que cada quien prefiera y, en mi experiencia, garantizan el asombro y gusto tanto del invitado como de los anfitriones.
Día 1
La tradición del Kalimán
Para recibir a nuestro amigo, nos dirigimos a su primer experiencia culinaria chilanga: tacos al pastor en el Kalimán (Campeche, col. Condesa), una tradición que hemos forjado poco a poco. Luego de su primer contacto con la salsa, el limoncito y el agua de horchata, damos unas vueltas en coche por la colonia Condesa y Roma, así como por la Avenida Reforma a la altura del Ángel y la Diana.
Día 2
Centro Histórico
Vamos en metro al corazón de la ciudad. Salimos en la estación Pino Suárez (para evitarnos el gentío y el cambio de línea ya que es sólo una estación más para llegar al Zócalo). Caminamos hasta la Plaza de la Constitución, y seguimos detrás de la Catedral. Por hoy, hemos decidido ir al Antiguo Colegio de San Ildefonso para ver las exposiciones temporales y luego el Templo Mayor. Otro día le recomendamos ir al Palacio Nacional, la Catedral y caminar por Tacuba o Cinco de Mayo hasta el Palacio de Bellas Artes y la Alameda.
Día 3
Coyoacán. Salimos del centro y vamos un poco al sur de la ciudad, al barrio de la Casa Azul, hogar y museo de Frida Kahlo. Hacemos el recorrido por las calles de Coyoacán hasta llegar a las plazas principales, la Iglesia de San Juan Bautista, donde hay rehiletes, pájaritos que leen la fortuna, manzanas caramelizadas y algodones de azúcar, entre otros cientos de puestos. Para comer, están los mariscos del mercado, las quesadillas y los célebres hot-cakes de figuras del mercadillo de comida en la calle de Hilguera donde, por cierto, al lado hay muy buens restaurantes de antojos mexicanos y mole oaxaqueño. También en esta calle está la cantina La Guadalupana.



